Cuando el periodista se convierte en protagonista de la entrevista

El periodismo tiene una responsabilidad que va mucho más allá de formular preguntas frente a una cámara o un micrófono. Su función es informar, investigar, preguntar, repreguntar y, cuando corresponde, incomodar al poder. Pero también debe saber reconocer cuál es su lugar en una entrevista.

En el intercambio con un dirigente político pueden aparecer diferencias, respuestas que no conforman, declaraciones polémicas o afirmaciones que merecen una explicación más profunda. Nada de eso debería sorprender a un periodista. Por el contrario, forma parte de la esencia misma de su trabajo.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando el entrevistador se enoja con lo que escucha y comienza a hablar más que la persona entrevistada? ¿Qué ocurre cuando las interrupciones, los gestos de fastidio o la necesidad de imponer la propia palabra terminan ocupando el centro de la escena?

Allí aparece una cuestión que merece ser analizada.

Un periodista tiene derecho a disentir, pero no debería confundir su función con la de un adversario político. Puede cuestionar a un dirigente, marcar contradicciones, exigir precisiones y pedir explicaciones. Lo que no debería hacer es transformar una entrevista en una competencia personal por ver quién habla más, quién levanta la voz o quién consigue imponer su opinión.

La entrevista periodística no es un acto de obediencia. La entrevistada no tiene por qué recibir preguntas complacientes ni el periodista está obligado a aceptar todas sus respuestas. El contrapunto es saludable y necesario, especialmente cuando se trata de personas que ejercen responsabilidades públicas.

Pero confrontar no significa avasallar. Repreguntar no es interrumpir por el simple hecho de no estar de acuerdo. Y ejercer el periodismo con firmeza no requiere perder la calma.

También hay que comprender que un dirigente político debe hacerse cargo de sus palabras. No puede pretender que todas las preguntas sean cómodas ni que el entrevistador le facilite el camino. La crítica, el cuestionamiento y la exigencia de explicaciones son parte de las reglas del juego democrático.

Sin embargo, cuando el periodista deja de escuchar para preparar su propia respuesta, la entrevista pierde profundidad. Cuando se preocupa más por refutar que por comprender, corre el riesgo de dejar de preguntar en nombre de la audiencia para empezar a discutir en nombre propio.

Y entonces, ¿quién pierde?

Pierde el entrevistado, que quizá no consigue desarrollar sus argumentos. Pierde el periodista, que puede terminar desdibujando su profesionalismo. Pero, fundamentalmente, pierde el público, que merece escuchar preguntas incisivas y respuestas completas, sin que el ego de los protagonistas tape el contenido.

En el periodismo no siempre gana quien tiene la última palabra. Muchas veces, la mejor pregunta es aquella que permite que el otro hable y se explique, incluso cuando su respuesta incomoda. Y, en otras ocasiones, el mayor mérito profesional consiste en saber repreguntar sin convertir el intercambio en una pelea.

La credibilidad no se construye levantando la voz, sino demostrando preparación, independencia y capacidad para sostener una posición con argumentos.

En definitiva, el periodista no tiene que ser amigo de la dirigente ni convertirse en su enemigo. Su compromiso principal es con la información y con la ciudadanía.

Porque cuando el entrevistador termina siendo más protagonista que el entrevistado, la pregunta deja de ser qué tiene para decir un dirigente y pasa a ser por qué el periodista necesita hablar más que ella.

Ese es el momento en que vale la pena detenerse y preguntarse si estamos ante una entrevista periodística o ante una disputa personal frente a las cámaras.

Y ese, también, es un buen termómetro para medir la calidad del periodismo que hacemos.

Compartir este artículo:

Facebook
LinkedIn
X
WhatsApp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cuando el periodista se convierte en protagonista de la entrevista

El periodismo tiene una responsabilidad que va mucho más allá de formular preguntas frente a una cámara o un micrófono. Su función es informar, investigar, preguntar, repreguntar y, cuando corresponde, incomodar al poder. Pero también debe saber reconocer cuál es su lugar en una entrevista. En el intercambio con un

Ver más

«En Bragado hay prioridades que parecen estar al revés»

¿POR QUÉ NOS OPONEMOS UNA NUEVA OFICINA AMBIENTAL CREADA CON DINERO DEL FONDO EDUCATIVO? ES SIMPLE, LA ESCUELA ESPECIAL 502 COMO TANTAS OTRAS NO PUEDE SEGUIR ESPERANDO UNA RESPUESTA, NECESITA SOLUCIONES. El Intendente Sergio Barenghi propone crear un Centro Municipal de Educación Ambiental y un Punto Verde en un espacio

Ver más

Paola Alsina advirtió sobre la falta de movimiento en Bragado y propuso repensar la actividad comercial y turística

La concejal publicó una reflexión en redes sociales en la que describió a Bragado como una posible “ciudad fantasma” y planteó tres ejes para revertir esa situación: modernización comercial, turismo de fin de semana y flexibilidad horaria. “El objetivo no es perder la identidad tranquila del interior, sino generar incentivos

Ver más